martes, 21 de julio de 2009

El Roca

Me gusta viajar en el Roca, tiene ese no se qué que no tienen los trenes en Finlandia, siempre tan burocráticos, tan fríos, que no se soporta, acá me gusta viajar, me siento en el estribo, me enchufo algún disco así medio de banda de sonido de alguna película y voy de lo más tranquilo, con el viento en la cara, todo despeinado, y me río de lo que me diría abuela Norma si me viera con la melena así. Algunos dicen que la gente viaja como ganado, un militante de un partido ecologista se enojaría mucho si escuchara a alguien decir tremenda barbaridad, y se indignaría con el hecho de que los ganados viajen como humanos.
Viajo todos los días en el Roca, y casi siempre viajo con Raúl, uno de los tipos más sensibles de la historia de los viajantes de tren. Tengo la teoría de que a Raúl le hace mal viajar en el Roca, no por el tren en sí, sino por las personas que lo habitan, los repartidores de estampitas sordos, veteranos de guerra, chicos de la calle, garrapiñistas, cafeteros, los que venden los compilados horribles de temas Americanos de los 80, la mayoría de las personas se acostumbra, y cada vez le da menos bola, cada tanto le da una moneda al cieguito que toca la guitarra o le compra unos bizcochitos a los drogadictos rehabilitados, Raúl no es así, a él le afecta lo que ve, le afecta la cara de angustia del pibe de la estampita cursi cuando le dicen que no haciéndole el gestito con la mano, que el que vende biromes tenga la camisa empapada y no se aguante más su propio olor a chivo. Raúl cuando se compra una birome, de toque le escribe un poema al vendedor, cuando el cieguito toca la guitarra, aplaude desaforado, y dice cosas como que: “Desde Beethoveen que no aparecía un músico ciego tan groso”, a Silvia la garrapiñista la quiere meter en el negocio del Copo de nieve, y a la niña malabarista la abraza y le regala caramelos de miel, la niña odia estos caramelos, pero reconozcamos que el gesto de Raúl es de una nobleza poco vista.
Raúl con el correr de los meses se volvió un personaje intrigante para mí, siempre me daba ganas de acercarme y preguntarle que lo movía a hacer lo que hacía, hasta que un día me animé, bajamos los dos en la estación de Villa Elisa, le di una palmadita en el hombro y lo invité a tomar una cerveza, como no tenía idea donde podía haber un bar por ahí,fuimos a un Supermercado Chino y tomamos la cerveza en una plazita de a ocho cuadras de la estación que tenía un monumento al General San Martín con el caballo decapitado, en el fondo creo que Raúl aceptó esa ronda de cervezas porque se pensó que yo era un vendedor ambulante, se enteró de que no, y si bien siguió pareciendo ser un buen tipo, parecía mejor tipo cuando se pensaba que yo era un vendedor de linternas. Me contó que era asistente de un dentista, y que laburaba de eso porque pensaba que su misión en el mundo era hacer felices a los niños durante su estadía odontológica, mientras anestesiaban a los niños, Raúl les leía Alicia a través del espejo, y cuando se iban les regalaba caramelos de miel, los niños odiaban los caramelos de miel, pero reconozcamos que el gesto de Raúl es de una nobleza poco vista. De mí le conté un par de cosas, en la mitad le mentí, le dije que quería ser astronauta para hacerlo entusiasmar y para que me empiece a hablar de estrellas, Raúl es un tipo que se entusiasma fácil. La estaba pasando fenómeno, pero a la tercera cerveza me di cuenta que todavía no le había preguntado lo importante:
-¿Por qué?
-¿Por qué qué?
-¿Por qué sos tan bueno con los vendedores ambulantes?
-¿Por qué me preguntas esto?
-¿Sentís alguna especie de culpa o algo por el estilo?
-¿Por qué voy a sentir culpa?
-No se, quizá hiciste algo malo y queres remendarlo.
-Todos hacemos cosas malas a veces.
-¿Qué tan malas?
-No se, cosas malas
-¿Cómo atropellar un perrito?
-Sí, como atropellar un perrito.
-¿Vos atropellaste un perrito?
-No exactamente un perrito.
-¿Entonces?
-Atropellé un limpiavidrios, en el 97, atropellé un limpiavidrios.

Raúl quebró en llanto, yo sentí culpa, lo abracé, le pedí disculpas y me fui, fui hasta una hemeroteca a buscar todos los diarios del 97, pero en ninguno decía nada.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me gustan!

Anónimo dijo...

muy bien ventola...gran cuento este....al nivel del de pipa