sábado, 27 de septiembre de 2008

Onironauta.

Las experimentaciones con el sueño lúcido no contemplan la espacialidad de la futura vigilia. Así, experimentando el sueño lúcido, conciente de las actividades onironautas como si se tratara del automovilismo o de una caminata en un parque con finalidades de una vida sana o de seguimiento, al pie de la letra, de las instrucciones de un médico imaginario y genérico, me doy cuenta de la inexistencia e incapacidad de la doble conciencia.
Existo como soñador, “ya se que estoy soñando”, pero una vez que ese sueño se hace conciente, la conciencia de la vigilia se esfuma y a la par de que el sueño termina, el despertar se vuelve enigmático.

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